Jean Piaget

Piaget nació en Neuchatel, Suiza, el 9 de agosto de 1896. Su padre fue un “espíritu escrupuloso y crítico”, consagrado a la literatura medieval y amante de las pláticas sustanciosas, sin temor a las polémicas que pudieran surgir por las discrepancias históricas y culturales. Piaget describe a su madre como una mujer “muy inteligente, enérgica y, en el fondo, de una verdadera bondad”; sin embargo, su temperamento era neurótico, lo que hacía de la vida familiar un aspecto difícil de manejar.


Fue la neurosis de su madre lo que motivó a Piaget a reemplazar el juego por el trabajo a una edad temprana, de este modo, sentía que imitaba a su padre y, a la vez, podía refugiarse de los conflictos familiares en un mundo privado de conocimientos y experiencias. A pesar de esto, Piaget se consideró siempre enemigo público de “toda huida de la realidad”, y puede que haya sido esto lo que dirigió su interés hacia el estudio de los problemas del psicoanálisis y la psicología patológica.


Piaget demostró desde pequeño un gran interés por el método científico y la investigación. Entre los diez u once años, descubrió una pasión particular por los pájaros y los moluscos; de hecho, siendo todavía un escolar, Piaget escribió una serie de artículos sobre los moluscos de Suiza, Saboya, Bretaña y Colombia. Muchos académicos extranjeros quisieron conocer a Piaget, sin embargo, nunca se atrevió a presentarse por considerarse aún demasiado joven e inexperto. Incluso el director de un periódico conocido por aquel entonces rechazó uno de los artículos de Piaget al darse cuenta de su edad, le hacían falta aún dos años para culminar el bachillerato, aunque ya tenía la destreza y dominio para componer piezas muy completas y valiosas.


Piaget nos habla de estos episodios como vivencias “muy útiles” para su formación científica; gracias a ellos, pudo entrever la ciencia y lo que esta representa de cara a importantes cambios de la adolescencia. “El haber tenido la experiencia precoz de estos dos tipos de problemática ha constituido”, escribe Piaget en su autobiografía, “el móvil secreto de mi actividad posterior en psicología”.


La religión fue para Piaget, al igual que para muchos académicos de la época, una cuestión delicada. Su madre, quien era una protestante convencida, insistió en que Jean asistiera a un curso instructivo de seis semanas para aprender las bases de la doctrina cristiana; su padre, en cambio, no asistía a ninguna iglesia, pero contaba con material interesante en su biblioteca personal. Fue ahí donde Piaget encontró, aproximadamente a los quince años, La filosofía de la religión fundada sobre la psicología y la historia, obra de Augusto Sabatier que aportó gran riqueza a Piaget ayudándolo a comprender los dogmas desde el simbolismo, así como la importancia de una “evolución dogmática” desde la filosofía.


Piaget describe esta etapa de su vida como un “choc emotivo” donde llegó a ver la figura de Dios como la Vida, lo cual le permitió ver en la biología “la explicación de todas las cosas y del espíritu mismo”.




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