Sigmund Freud

Freud nació en 1856 en Príbor, en la actual República Checa. Pocos años después se trasladaron a Viena, donde viviría la mayor parte de su vida y en cuya facultad, pese a las dificultades económicas de su familia, comenzó a estudiar medicina. Se graduó en 1881 y realizó sus primeros trabajos sobre las propiedades anestésicas de la cocaína (lo que le provocó, según cuentan, su propia adicción a ella).


En 1886, tras haber estudiado en París, creó una clínica privada para el tratamiento de la histeria mediante hipnoterapia. Pero a Freud no se le daba bien la hipnosis. Las técnicas hipnóticas requieren un dominio del tono de la voz que nuestro neuropsiquiatra no era capaz de dominar con soltura. Por ello, poco a poco fue abandonando estas técnicas y comenzó a desarrollar técnicas de 'asociación libre' e interpretación de sueños.


En 1899, se publicó La interpretación de los sueños que es considerada la mayor obra de Freud y, aunque evolucionaría mucho con los años, la base sobre la que se levantó el psicoanálisis. Una de las construcciones teóricas más influyentes del siglo XX.

El Tercer Reich lo declaró enemigo público en 1938, sus libros fueron quemados públicamente y aunque él consiguió escapar a Londres, sus hermanas murieron en los campos de concentración. Un año después moriría por un cáncer de paladar en la capital británica.


El psicoanálisis nunca ha dejado de ser una teoría de la mente del siglo XIX. Pese a la dureza con la que se le trató intentaba solucionar problemas clínicos y sufrimientos reales que en ese momento no tenían respuesta ni desde la medicina ni desde ninguna otra disciplina científica. Pero aunque sus intenciones eran buenas, no fue suficiente con ellas.

Freud no fue ni Copérnico ni Darwin como él hubiera deseado. Nunca fue el revolucionario científico que siempre quiso ser. Fue otra cosa: es curioso que aunque el psiquiatra austriaco nunca recibió el nobel de medicina, sí ganó el Goethe de literatura.


Como dice uno de sus lectores más interesantes, Harold Bloom, Freud encontró una nueva forma de hablar del ser humano que empezaba a surgir a finales del XIX y principios del XX. En cierta forma el psicoanálisis fue los ruedines de bicicleta de la psicología y la neurociencia: fue fundamental de cara a romper tabús y empezar a pensar en el ser humano de forma científica, pero cuando la ciencia empezó a trabajar no sólo se volvió innecesario sino que supuso un fuerte impedimento al desarrollo de la misma.




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